
Un día de los 90´s me dirigí a la calle Bucarelli, en el Barrio de Villurca, a entrevistar al Sr. Enrique Chalar. No necesité mirar mucho para darme cuenta donde estaba, toda la cuadra estaba grafitteada con aguante y saludos varios hacia los Violadores. Pil Trafa, documentado Enrique como su padre (que en esos años ya estaba en la gloria) era hijo único y vivía en una casa antigua, con pasillo. Al principio se encontraba su habitación, que era enorme y estaba ambientada como cuando era adolescente: todas las paredes pegadas con fotos (desde Pistols hasta los Die Toten Hosen), una cama con cubrecama con volados, equipo de música, micrófonos, un ropero (si, ropero) y casi 15 años de punk rock: credenciales, vinilos, remeras, flyers, cassettes y cd´s al por mayor (mucha música clásica, Pil era fanático de Wagner y tenía ascendencia alemana).
En el pasillo, a los costados, había unos canteros con flores muy lindas y coloridas, y luego más habitaciones; comedor, cocina y la habitación de los padres.
Esa tarde hacía mucho calor y Pil había preparado unas cervezas bien frías para que tomemos. La previa de la nota fue larga –gran conversador, muy lector, un tipo muy inquieto- y además quería mostrarme unas cartas (créanlo, niños! hace muchooooos, muchooooos años no existía internet, no había celulares, no se escribían mails y la gente igual se comunicaba!) de Ronald Biggs, el gran ladrón de bancos inglés que estaba exiliado en Brasil, a quién había contactado por su gran amigo de ese entonces, Campino, cantante de los DTH.

Preparó el equipo y el micrófono y comenzamos la nota. Cuando no había más cerveza decidimos hacer un break y entonces entró en escena la Sra. Chalar, reina punk de Villurca, mamá de Pil, la modista de Los Violadores. Yo no recuerdo un encuentro que me haya conmovido tanto. La Sra. Chalar se presentó amablemente y se dirigió al kiosco del barrio a comprar más bebida. Yo recuerdo haberle dicho a Pil algo así como “
me parece que deberíamos ir nosotros...” y él responderme: “
Ni se te ocurra...esas son tareas que le gusta hacer a mi mamá....”
Al rato decidimos parar un ratito. Pil tenía que arreglar algunos detalles (estaba promocionando el disco de Pilsen) y la mamá había preparado unos sandwiches.
Yo aproveché para comer algo y mientras charlar con la madre. “
¿Te gustaría conocer la casa?” y yo que sí, que claro...y ahí empezó la conversación de la que quiero contarles hoy.
Comenzamos con el corredor con los canteros de plantas floridas. “
Aquí abajo está Michi, le planté un malvón. Y más allá el Negrito...ese era terrible! Y debajo de la campanilla está la blanquita, era tan mimosa....” y así con por lo menos siete. Les puedo decir que lo primero que florecía en los canteros de la casa era el cementerio de gatos de la familia, muy amados, cuidados y amorosamente regados mañana y tarde. En el comedor, que debía tener muebles de hacía 40 años, había dos retratos presidiendo la cabecera. Uno oval de la foto de casamiento, y el otro con la comunión de Enrique hijo (la señora lo llamaba así, jamás dijo Pil). La pieza de la enterradora de gatos bajo malvones, olía a jazmín y lucia un acolchado de hilo con volados, fotos añejas, mesas de luz con anteojos de vejez y remedios varios.

Por supuesto que sacó la caja de fotos de su hijo y me mostró desde las que estaba culito arriba en el almohadón hasta donde lucia el guardapolvo almidonado. Desde la primera comunión hasta que el chico flaco de dientes torcidos, se hizo amigo de un tal Pedro Braun (otro alemán de ascendencia pero de mejor posición económica) quien un día de 1978 volvió de Europa con un vinilo, alfileres de gancho, la ropa rota y el pelo cortado a mordiscones y Enrique creció, se hizo punk y las fotos prolijas quedaron guardadas en la caja de su madre. Pedro Braun regresó de Europa como Hari B y lo primero que hizo fue escribir una carta a la revista Pelo donde se autoproclamó “El primer punk argentino” (en esa época venía a tocar al Luna Park Rick Wakeman, así que imaginen que no le importó a nadie, pero conoció a 3 o 4) y con su amigo Sergio Gramatica fundó Los Testículos (la primer banda punk nacional, algunos dicen que fueron los Laxantes, pero creo que por meses fueron los Testículos) a quienes se unieron Stuka y el joven Enrique, lejos de la comunión, apodado Pil Trafa por su estado físico desnutrido!.
La mamá de Pil recordaba haberlos recibido a todos a tomar la leche y gracias a las fotos que había sacado Hari B. en Londres de los vinilos de los Clash, Sex Pistols y a revistas importadas, se convirtio en la primer modista del punk argento.
Si, así como lo oyen. Mamá Chalar comenzó a comprar telas cuadrillé, camisas grafa, algún retazo de vinilo perdido que encontraba y dale que dale al pedal para copiar la moda de Inglaterra que paseaba su rabioso, extremadamente flaco y sumamente culto hijo. Nunca más conocido como Enrique, su niño, su retoño, su heredero, sino ya convertido en Pil trafa, cantante de Los Testículos banda que debió trocar su nombre por Los Violadores porque no podían tocar en ningún lado. Asi fue como mamá Chalar comenzó a vestir al hijo y amiguitos con chupines escoceses, camisas cortajeadas y algún raso mezclado con cuerina. Ella fue la reina de la Necchi (la maquina de coser de la época), la modista del punk argento cuando era de garage de villurca. Y lo contaba con un orgullo.

Esa tarde la quise a esa señora. La quise tanto. Por los gatos muertos, por la ropa, por haberse bancado al hijo que tenía. Porque estaba enamorada como una niña de Campino. “
Es un caballero, tan lindo, tan simpático...”. Porque el kiosquero le guardaba las cervezas en una heladera especial así estaban bien frías cuando a Pil le hacían una nota. Porque preparaba sandwichitos con mucha mayonesa, bien alemana. Porque conocía a los Pistols, tenía fotos de los Clash y había ido a ver a los Hosen. Y quiero dejar algo bien claro en su memoria: los gatos se morían de viejos. Y eran enterrados con mucho amor en su cementerio privado, y cada uno tenía su plantita.
Después seguimos la nota con Pil (me había venido a buscar ya medio enojado. “
Mamá, la nota es conmigo...”) y la pasamos en la Heavy durante una semana.
Pilsen sacó el disco, tocó con los Hosen. Ronald Biggs grabó como invitado. No sé que habrá sido de los dos gatos vivos que se paseaban como reyes por los acolchados con volados. Y menos sé que habrá sido de la mamá de Pil Trafa, una señora con mayúsculas. Que no solo le perdonó a su hijo no haber sido médico, ingeniero o abogado, sino que era su biografa, su modista y su compradora de cerveza.
Otro día les cuento de las cofradías de mensajes de la revista Pelo, gracias a las cuales se formaron Los Violadores, se formó su club de fans (en el que participaba un jovencísimo Marcelo Araneo, de Lanús, actual Marcelo Poca Vida) y hasta Coleman se conoció con Daniel Melero y así llegaron a Soda Stereo, gracias a ser fans de Bowie. Porque en los últimos 70´s y primeros 80´s no había internet, celular, ni my space. Pero se escribían cartas, se leían revistas y se copiaban en cassettes TDK de 90 los mejores discos del mundo. Londres quedaba ahí nomás, en un comedor con nesquik de villa urquiza, a la salida del colegio, mientras en el grabador sonaba “London Calling” y una mamá cosía en la Necchi lo que los chicos romperían a mordiscones y los primeros fans escupirían en algún tugurio mugroso y oscuro donde se podía tocar una vez cada 6 meses.
Historia argentina.
A veces puede ser divertida.
