“No me interesa saludarte/ Ni contarte nada sobre mi vida...”Hacer radio de noche es una locura. Imaginen entrar a trabajar a las 23 y salir a las 03.00 del otro día. Imaginen pasar por la estación de servicio de la esquina a comprar café y cigarrillos, y llegar a sus casas 03.30, 04.00 am. Imaginen a veces quedándose en reuniones para producir lo que debía pasar al otro día. Imaginen encima a veces quedándose después de hora porque hay problemas:
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La Heavy Rock & Pop tuvo dos “casas”: una en Belgrano 270, allá por el Bajo. Era pequeña, bastante mugrienta y oscura. Y la segunda llego tiempo después cuando se hizo la mudanza a Entre Ríos al 1900. El edificio era espléndido, una gran escalera, un hall inmenso, estudios grandes, operadores y sector de teléfonos y producción con vista a la pecera central. Bellísimo. El sr. de abajo, encargado de la vigilancia, se llamaba Juan Carlos. Juan Carlos fue un baluarte del under punk, alternativo y metálico. Con el no nos robaban las revistas, nos llegaban los sobres con Cd´s y demos, las cartas y las tortas y empanadas que los chicos traían cuando ganaban algo o venían a ver el programa, las invitaciones y los 10.000 sobres que recibimos en una semana cuando hicimos un concurso de Metallica. Ya lo he dicho, lo repetiré: en esos años no había email, ni mensaje de texto, ni un carajo, los oyentes se gastaban el dedo llamando por teléfono para dejar un mensaje o participar de un concurso algo que solia ser por carta. Recuerdo un oyente de la Plata escribió 2000 cartas a mano!!! para hacerse con una guitarra, la cual no ganó (porque la cosa era meter la mano en una bolsa o tirarlas al aire y ganaba cualquiera, fuera quien fuera y aunque hubiera escrito solo una carta, como pasó una vez).
¿Por qué les cuento esto?
Porque una noche de invierno, en la que hacía muchoooo frío, sonó el teléfono interno y Juan Carlos, el bueno de Juan Carlos, me dice:
“Miriam? Quería pedirle que por favor baje, acá abajo hay un muchacho muy nervioso, pero ud. lo conoce...” Bajé. Y sí, había un muchacho...
"Si yo soy así no es por culpa de la droga/ si yo así no es por culpa del alcohol..."
Ricky Espinosa era una furia esa noche. El solía venir porque era insomne, porque nos caía bien, porque le hacíamos nota o pasaba de vuelta a Gerli, pero esa noche no nos buscaba a nosotros. Esa noche Ricky venía con animo belicoso:
“Decile a la pelotuda esa que baje, que me lo diga en la cara...”. La señora en cuestión tenía un programa que venía en el horario siguiente a la Heavy: ya habían pasado los Triciclos Clos (el glorioso Show de los Triciclos Clos, uno de los desquicios más divertidos que escuché en mi vida) y al año siguiente de 03.00 a 06.00 llegó ella, que venía de Lugano city y era amiga de un joven con jardinero y pañuelito stone al cuello que venía a la radio con el tetra y el demo de su banda, unos tal Viejas Locas. Y esa la conductora una trasnoche se trasnochó más de lo que debía y trató a Ricky de “
negro desdentado”.. Y Ricky se enteró. Y así nomás, como estaba, cayó en el hall de la radio para
“cagarla a trompadas”..
“Qué me lo diga en la cara si se atreve... qué me lo diga a mí, en mi jeta...”“Voy caminando por la ciudad/ buscando una salida, buscando un lugar...”Yo me quedé con Ricky en el hall un rato, pero seguía furioso:
“Vos me conocés, Miriam... yo me merezco esto? Esa mina es de lo peor...” y luego bajó el Ruso y el resto del staff y en eso se asomó la chica rubia y no podíamos pararlo: el pibe medía poco más de 1.60 mts., pero era retacón y estaba hecho una furia.
“Bajá, c..., bajá! Decime en mi cara lo que pensas de mí, dale...” y así hasta que lo convencimos y salimos y nos fuímos a tomar algo a la estación de servicio que atendía Raul (actual antropólogo miembro del equipo de Antropología Forense, en esa época explotado trabajador nocturno de estación de servicio).
La conductora pidió disculpas por radio (brindamos por ello) y ahí sí Ricky se relajó. Yo creo que tenía razón: no se lo merecía, ni él ni nadie, aclaro.
Ricky, por lo menos el que yo conocí, era un típico producto del suburbano bonaerense. Esos niñitos que a los 6 años ya se ratean del colegio para ir a jugar al potrero, que toman vino con soda a los 7, que hacen del secundario un eterno repetir y que pagan un costo altísimo por vestirse diferente, pensar diferente y tener la cabeza un poco más abierta que el ghetto fabril, el barrio industrial y la historia familiar lo permiten.
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Una cosa es Marilyn Manson con medias de red y uñas negras en los premios MTV, otra cosa es las uñas negras, los ojos delineados y el pelo decolorado en Gerli a las 5 de la tarde. Escribo esto y se me vienen unos flashbacks que quisiera compartir con ustedes: una discusión de 4 (sí, 4!!) horas porque había aceptado -tras un show en Die Schule que había reventado de gente- que le paguen con una caja de botellas de vodka (6) y 2 botellas de whisky, y después mangueaba monedas para viajar en bondi hasta su casa. Cuando sacó “Si el placer es un pecado...” vendió 10000 copias al toque y no consiguió que le dieran 10 discos para regalarle a sus amigos. Un llamado telefónico a mi casa de Carlos Calvo y una larga charla donde él me planteaba como podía ser que no tuviera siquiera plata para comprarse zapatillas si Flema reventaba de gente cada antro en que tocaba y vendía cassettes y CDs como helados y yo remarcandolé que era su responsabilidad ponerse en pedo, armar bardo y permitir que lo caguen eternamente.
Una derivación a un centro de adicciones en Avellaneda, donde se bancó un tratamiento de bastante tiempo y salió limpio. Una visita a la Rocka con una botella de agua mineral en el bolsillo del pantalón para contarme que llevaba limpio un año, pero que cada vez le costaba más y más (la realidad le costaba más y más:
“Si veo la mierda que es todo es porque estoy sobrio, no sé que me hace peor...”)Cuando P. me contó que lo había visto a Ricky tomando alcohol fino con jugo Tang de naranja supuse que las cosas no andaban bien: no tengo un fundamento clínico para darles, pero hay determinadas mezclas que están muy ligadas a finales poco felices.
Pienso en Bagley, en Diego el Heavy, en Chippy, y en otro montón de personas con ese tubo infecto de plástico en la campera, tomando de a sorbos la anestesia porque no han podido, no han sabido, o no sé que, vivir la vida que han elegido.
Hay personas que suponen que Ricky fue un bobo: ellos se lo pierden. El pibe leía, escuchaba, era sensible. En su banda había un hijo de desaparecidos, vivió con su abuela cuando ella estaba muy enferma y nadie podía cuidarla, reinvidicó el ser puto cuando no era cool (era heterosexual pero le divertía mucho la cortedad mental de las personas cuando lo veían morocho, todo croto, con el pelo teñido y las uñas, los labios y los ojos pintados:
“como no uso vestido, de trava no me pueden acusar, ja!”) y quiso boxear a una conductora que lo acusó de
“negro y desdentado” (“los pobres no podemos ponernos dientes postizos, porque a los dentistas van los ricos” le gritó en el hall de Entre Ríos al 1900).
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Pocas veces delante de un micrófono dijo la verdad sobre él, pero lean esto:
"A nosotros nos catalogan como una banda que habla de reviente, de cerveza y drogas. Y no es así. En general (la gente) piensa que hacemos apología de las drogas y el alcohol y no es así en el fondo. Si las analizás, el tema principal es la soledad de la persona y la falta de futuro. Esto los lleva a las drogas y el alcohol. Aparte uno es de una manera, como dice el tema "Si yo soy así no es por culpa de las drogas/ si yo soy así no es por culpa del alcohol".Ricky tenía 35 años y vivía con los viejos: nunca pudo sostener una pareja, ni tener su casa, ni dormir de noche, ni un cuerno. Fue uno de los tipos más solos que conocí en mi vida.
Ricky Espinosa murió el 30 de mayo de 2002: se tiró de un balcón del 5to piso del monoblock de Avellaneda donde vivía su amigo Luichi. ¿Se cayó? ¿Se tiró a propósito?. No importa. No les voy a contar el velorio: solo sepan que no hubo casa velatoria que aceptara el cadáver pintado de blanco, con una troupe de punks y gentes raras con aerosoles y cervezas en la mano. Se murió Ricky. Hubo que velarlo en el fondo de la casa de un hermano.
Capaz en el cajón el jodido pensaba: “Libre al fin!”, Yo que sé...
Pd: este Vida de Ratas está especialmente dedicado a Kristian, nuestro editor en jefe, cerebro y dedos de Stay Free. Porque le gusta casi irracionalmente Flema, porque fue una de las primeras anécdotas que le conté (la de la radio) y porque le pone tanta pasión a lo que hace que me dá mucho gusto compartir espacios y festejos con él. Salud, K!